miércoles, 18 de septiembre de 2013

Página siete




Cortazar

Esta vez la lectura no cuenta. Te visitamos, Julio, nos acogiste, con toda la familiaridad que se tiene con viejos amigos. Fue una sabrosa visita, no solo de cronopios e instrucciones, sino una revisión de tu historia.

Rayuela. Siempre Rayuela aparece en tu historia, con fragmentos enamorados que tantos leímos tanto y tantas veces, hace tanto. Claro que fue distinto, dejé de ver el texto y comencé a buscarte en el texto, ejercicio triste, sabiéndote tan lejos.

Sabias que te íbamos a leer, aquí y ahora? Cómo podías saber? Mientras tu leías en invierno, y lograste emocionarme, hasta las lagrimas, una vez más, en verano. Cómo grabaste esos fragmentos dando voz y sentimiento a tus textos, y, además, entregándote al lector, con tan sencilla cotidianeidad?

Cuando te encontré, querido Julio, hace muchos años, eras el hombre guapo de la contratapa. Esta vez tuviste voz, y fue entrañable. Qué bueno que pasaste por aquí.


Página seis




La Mujer Habitada de Gioconda Belli nos ocupó varias horas. Es ciertamente un libro que nos recuerda los orígenes de Gioconda Belli, su formación, historia y vivencias.

Encantador encuentro con las vivencias de la Nicaragua, Nicaragüita que peleaba por liberarse de la dictadura. La trama del libro nos obliga a recorrer la historia, revisarla una vez más, cerciorarnos que de quien hablamos es del mismo. Y sí, siempre es el mismo dictador, que a veces cambia de nombre, pero que cuando llega deja a todos enmudecidos de miedo, o no.

El doble relato es atractivo, un esforzado intento por entender lo autóctono, por incluirlo en el relato. La mujer habitada, y quien la habita, nos dejan ver al menos dos lados de la Nicaragua, tan querida. Para muchos esa historia fue esperanzadora por mucho tiempo, el 19 de julio de 1979 generó tanta poesía en el continente…

Gioconda Belli tiene en la poesía un lugar especial, es su cuna, además de su querida Nicaragua. Personalmente, disfruto más de su poesía. Así la conocí, poeta, y así se quedó en mi cabeza. Leer su prosa es una sorpresa siempre agradable, pero su poesía, Gioconda, tu poesía, si hasta te imagino…

Cosas quiero como una gran ola de ternura  
deshaciéndome  
un ruido de caracol  
un cardumen de peces en la boca  
algo de eso  
frágil y desnudo  
como una flor a punto de entregarse a la primera luz de la mañana  
o simplemente una semilla, un árbol  
un poco de hierba  
una caricia que me haga olvidar  
el paso del tiempo  
la guerra  
los peligros de la muerte.